NUESTRAS ACTITUDES Y CONVICCIONES FRENTE A LA FAMILIA

3 de septiembre de 2016

Reflexionando:

NUESTRAS ACTITUDES Y CONVICCIONES FRENTE A LA FAMILIA.

Un cristiano debe saber conjugar comprensión y respeto a quienes piensan de modo diverso, al tiempo que favorecer la vivencia de los valores familiares.

Esto con ocasión de una libre participación de quienes quieran apoyar las iniciativas del FRENTE POR LA FAMILIA, que busca defender y promover la familia como la generalidad de la sociedad la entiende, formada por un hombre y una mujer, que se abren a la vida a través del don de los hijos.

No debiera de ninguna manera pensarse que se estuviese en contra de quienes experimentan la atracción al mismo sexo. Al menos los católicos, siguiendo el Catecismo de la Iglesia y las recientes enseñanzas del Papa Francisco, pensamos que “toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar «todo signo de discriminación injusta», y particularmente cualquier forma de agresión y violencia. Por lo que se refiere a las familias, se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida. (La Alegría del Amor, 250).

El Papa Francisco reitera esta convicción haciendo suya la preocupación de los obispos reunidos en los pasados dos sínodos en torno a la familia. La convicción viene desde JESÚS y su EVANGELIO: “La Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción”.

ASEGURADA ESTA CONVICCIÓN, el mismo Papa Francisco enseña que respecto: “los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia […] – y nos advierte que “Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo».

Detrás de estas presiones hay una “teoría” o “ideología de género”, según la cual cuando nacemos no nacemos hombre o mujer, sino que cada sujeto se daría a si mismo a lo largo de su vida un “género” a escoger entre tantos que podríamos querer. No faltaría quienes querrían hacer pensar así a los niños aún desde pequeños. Se trata de la irrupción de la mentalidad de “ideología de género” – que – se mueve con una “bandera” de aceptación, al promover el valor de la diversidad y la no discriminación; pero lo hace con criterios de verdadera ideología, pues “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer […] presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia” (La Alegría del Amor, 56). Siguiendo con las enseñanzas del Papa:

“Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos […] las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo […] no pueden equipararse sin más al matrimonio” (52).

“Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano […] nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia.” (35).

En su pasada Visita Apostólica a México, el Papa Francisco, nos advertía en el Estado de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: ”se van inoculando en nuestras sociedades, – se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas, – se van inoculando colonizaciones ideológicas que las destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia que es la base de toda sana sociedad. (15 de febrero de 2016).

Con expresiones parecidas, retomó este tema hace unas semanas en Polonia, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en la Catedral de Cracovia:

«En Europa, en América, en América Latina, en África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas -repitió. Y una de estas, lo digo claramente con ‘nombre y apellido’, es la teoría de género». «Hoy a los niños (¡a los niños!) se les enseña esto en la escuela: que cada quien puede elegir el sexo. ¿Y por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que te dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, apoyadas también por países muy influyentes. Y esto es terrible.

Y recordando algo que le refirió el Papa Emérito, Benedicto XVI nos daría para pensar con mucho cuidado. Le habría comentado al Papa Francisco: ‘Santidad, ¡esta es la época del pecado contra Dios, el Creador!’ ¡Es inteligente! Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado el mundo así, así y así… y nosotros estamos haciendo lo contrario».

Muchos otros temas se conectan con todo lo anterior. Entre otras cosas urge una educación sexual adecuada, gradual y positiva sobre la obra de Dios creador que ha pensado al varón y a la mujer como seres humanos “complementarios”, con igual dignidad y con equidad de derechos.

Entre los elementos de un crecimiento sano de los niños y jóvenes, los padres de familia y en su propia medida los maestros, deberían ofrecer no solo información, sino formación en las actitudes de respeto a sí mismo y el respeto mutuo, el auto reconocimiento como ser sexuado, y el largo camino hacia un amor constructivo de una familia unida, que ofrezca todas las condiciones para crecer como tal y convertirse en célula constructora de una sociedad sana, fuerte y libre.

Hoy nos preocupamos – y hacemos bien – por la ecología de la naturaleza, de los campos, bosques, ríos y demás. Hay que cuidar la “casa común”. Pero también el ser humano tiene su propia ecología que debe respetarse. Volviendo a las enseñanzas del Papa Francisco:

“La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación.

Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma» [Encíclica Laudato Sii, 151].

Apoyemos todo lo que beneficie a nuestras familias,

En un ambiente de respeto, comprensión y libertad. Dios los bendiga.

                                                 Su pastor y hermano: Obispo Eduardo.