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S. E. Eduardo Porfirio Patiño Leal

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Mensaje de Pascua  -  Obispos de Veracruz

Mensaje de Pascua - Obispos de Veracruz

Lunes 29 de Marzo de 2010

LA RESURRECCION DEL SEÑOR ES NUESTRA PAZ Y ESPERANZA 

«La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón, ni tengan miedo».   

 (Jn 14, 27)

AL  PUEBLO DE DIOS Y A TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD:

1.     Los obispos de las ocho diócesis de Veracruz, que conforman la provincia eclesiástica de Xalapa, saludamos, en este tiempo de Pascua, a los fieles católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, dirigiéndoles las palabras de san Agustín, que el papa Benedicto XVI nos ha recordado: “La resurrección de Cristo es nuestra esperanza”.

La paz este con ustedes.

2.     Este es el saludo pascual de Jesús resucitado, al encontrarse con sus discípulos que estaban confundidos y temerosos ante los acontecimientos que vivían y la inseguridad del futuro. Pero el Señor los consuela y los conforta con el don de la paz: “mi paz les dejo, mi paz les doy. Una paz que el mundo no puede dar”.  Y finalmente les invitó a no perder la calma ante las dudas y dificultades: no se turbe su corazón, no se dejen envolver por el miedo y las preocupaciones.

3.     La paz bíblica no es sólo ausencia de violencia o dolor, que nos permite una vida más o menos  tranquila; designa igualmente, el bienestar de la existencia cotidiana, así como un ambiente de armonía con la naturaleza, consigo mismo y con Dios; y más concretamente, es la presencia amorosa de Dios que nunca nos abandona; es bendición, es salvación y vida.

4.     Este mensaje de Jesús resucitado es también para nosotros, es el gran regalo de la paz. Una paz que tiene como fundamento su Misterio Pascual, ya que padeció y murió a causa de nuestros pecados, pero principalmente para que fuéramos reconciliados con el Padre. Y resucitó, triunfando sobre el mal y la muerte, para que nosotros podamos tener vida y esperanza.

Vivimos situaciones preocupantes

5.     Como los discípulos, ante la muerte de Cristo, también ahora vivimos situaciones que nos causan temor, inseguridad y dudas. Junto a las preocupaciones normales, existen situaciones y hechos  que nos confunden, que merman nuestra esperanza y que ponen en peligro la paz y la armonía de nuestra sociedad.  Aunque en menor escala que en otras zonas del país, existe violencia en nuestro estado; se manifiesta principalmente en robos, asaltos, secuestros y aún en asesinatos, que generan dolor a muchas familias y alteran la paz y la armonía en la sociedad.

6.     Ante esta realidad de violencia, los obispos de México señalamos la causa principal que la genera: “Es claro que el ambiente de violencia e inseguridad en que vivimos denota una pérdida del sentido de Dios que lleva al desprecio de la vida del hombre, un ambiente que influye negativamente en la formación de la conciencia y de los valores, donde encontramos modelos de realización equivocados, metas y aspiraciones intrascendentes, fruto de una cultura consumista marcada por el materialismo 

Resucitar a una nueva vida

7.     Y buscando profundizar en este tema, los mismos obispos mexicanos hemos señalado que  “los actos de violencia que presenciamos y sufrimos son síntomas de otra lucha más radical, en la que nos jugamos el futuro de la patria y de la humanidad. En el interior del ser humano se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal.  Los cristianos no vemos a las personas como enemigos que hay que destruir; nuestra lucha es contra el poder del mal que destruye y deshumaniza a las personas”.

8.     La historia del hombre, aún en situaciones de sufrimiento y dificultades, tiene futuro en Dios. La memoria viva de la muerte y la resurrección de Jesucristo da consistencia y fortalece la esperanza en el diario vivir de nuestras comunidades, pues la resurrección garantiza que el tiempo entero está en manos de Dios. En este sentido  la esperanza cristiana es un poderoso recurso social al servicio del desarrollo humano integral, en la libertad y en la justicia”

Caminar en la verdad y el amor

9.     Amor y verdad son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente del ser humano. Cuando la verdad se concreta precisamente en gestos de amor y solidaridad, como lo hizo Cristo, la verdad se vuelve auténtica y convincente, se inserta en el ser y quehacer de los hombres y mujeres y en la cultura de las comunidades.

10.  La paz tiene su fundamento en la apertura de las conciencias a la verdad; ésta  hace posible que cada persona encuentre la verdad en el proyecto que Dios tiene sobre ella; verdad que hay que defender, proponer de manera convincente y testimoniar con la propia vida.  La verdad hace resplandecer el amor, es luz que le da sentido y valor; es la luz de la razón y de la fe que por medio de la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, descubriendo su significado de entrega, acogida y comunión.

Caminar en esperanza activa

11.  La resurrección del Señor nos invita al optimismo y a la esperanza, pero una esperanza activa, que poniendo la confianza en Dios y aceptando con humildad que sin El nada podemos, nos impulse a asumir nuestros compromisos en la vida de cada día y a asumir actitudes y acciones que respondan creativamente a esta nueva situación que vive la sociedad actual y que urge atender desde diversos ángulos.

12.  Somos hombres y mujeres de esperanza y creemos que la situación que estamos viviendo puede transformarse. Nuestro compromiso de discípulos de Jesucristo nos impulsa a colaborar en la prevención, en el acompañamiento educativo y en la animación para que podamos ser una sociedad más responsable y participativa.

Algunas sugerencias

13.  Los sacerdotes somos ministros de reconciliación. Animados por este año sacerdotal que estamos celebrando, cumplamos esta noble tarea que se nos ha confiado, como lo hizo el Señor, con palabras y con signos esperanzadores que cuestionen sí, pero que animen al mismo tiempo,  la vida del pueblo veracruzano. 

14.  A ustedes jóvenes, tan llenos de ilusiones, les decimos que aprendan a vivir unidos y a caminar en paz; aprendan a vivir como amigos y nunca como enemigos; amen la verdad para restablecer en las familias y en las comunidades la confianza, que es fundamental para generar una paz duradera.

15.  Los evangelizadores tenemos que aprovechar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia para acompañar la formación de los bautizados, ya que es un valioso instrumento de evangelización que educa en las virtudes sociales y políticas con las que el discípulo de Jesucristo se inserta en la vida social, para ser en ella “sal y fermento”, de manera que las estructuras puedan impregnarse con los valores evangélicos de la libertad, el amor, la justicia y la verdad, que son aspectos fundamentales para garantizar una sana convivencia humana.

16.  Invitamos igualmente a educadores, agentes de pastoral y padres de familia a educar en la verdad y para la búsqueda sincera de la verdad; a educar en el amor y para el amor, entendiendo que  la educación consiste en dar algo de sí mismo y ayudar a otros a superar los egoísmos y a hacerse capaces del auténtico amor. Es importante formar a las nuevas generaciones en el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina, procurando siempre alentar la esperanza que es como el alma de la educación.  

17.  A las familias les decimos que ustedes tienen un papel primordial en la construcción de la paz. En el hogar se forja la identidad de los hombres y mujeres promotores de la paz y la justicia en la sociedad, porque ellas son el vehículo privilegiado para la transmisión de los valores espirituales y culturales que ayudan a la persona a adquirir su propia identidad y a ubicarse positivamente en la sociedad.

18.  Invitamos a los medios de comunicación, a los actores políticos y sociales y a toda la ciudadanía a superar  actitudes y acciones violentas que afecten la propia dignidad y los derechos de los demás, especialmente de los más desprotegidos: los niños, las mujeres, los ancianos, los indígenas y los más pobres. 

19.  De la misma manera invitamos a todos a generar gestos y actitudes de paz, ya que la educación para la paz necesita un lenguaje pacífico y pacificador, que sea capaz de expresar la riqueza de nuestros pensamientos y sentimientos de paz y, que de esa manera se genere un lenguaje y un ambiente propicio para la unidad, la fraternidad y la solidaridad.

20.  Jesús resucitado nos ofrece esperanza, en este año que celebraremos el bicentenario de la Independencia y los 100 años de la revolución. Que el Espíritu Santo derrame sus dones en cada uno de los veracruzanos, para que nos impulse a servir generosamente a nuestros hermanos, desde nuestras propias tareas y compromisos.

21.  Que la valiosa intercesión de nuestra madre, Santa María de Guadalupe, nos acompañe siempre, para que, juntos, podamos superar estas situaciones que nos golpean fuertemente y logremos ir generando, aunque sea poco a poco, una cultura de respeto, de solidaridad y de paz duradera.

 

Marzo 28  de  2010   

 

 

 

+ Hipólito Reyes Larios

 Arzobispo de Xalapa.

+ Rutilo Muñoz Zamora

Obispo de Coatzacoalcos.

 

+ Lorenzo Cárdenas Aregullín

Obispo de Papantla.

 

+ Luis Felipe Gallardo Martín del Campo.

Obispo de Veracruz.

 

+ José Trinidad Zapata Ortiz

Obispo de San Andrés Tuxtla.

 

+ Eduardo Porfirio Patiño Leal

Obispo de Córdoba.

 

+ Marcelino Hernández Rodríguez

Obispo de Orizaba.

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan.

 

+ Jorge Carlos Patrón Wong

Obispo Coadjutor de Papantla.

+ Sergio Obeso Rivera

Arzobispo Emérito de Xalapa.

 

 

     + José Guadalupe Padilla Lozano.

          Obispo Emérito de Veracruz.

     

 



Cf. Juan 14, 27

CEM Exhortación, Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna.  No. 108.

Ibíd, No. 110 

Ibíd, No. 139