CUARESMA: CAMINO DE COHERENCIA, RECONCILIACIÓN Y DE PAZ.

A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN CÓRDOBA: PAZ y BIEN.

“La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida,

     ¿con qué la volverán a salar?

Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros”.

(Marcos 9, 50).

Hermanos: Desde nuestro Bautismo y nuestra Confirmación nos hemos comprometido a identificarnos y a vivir en pos de Jesucristo nuestro único Salvador. Recibimos el Don del Espíritu Santo en vasijas de barro, e iniciamos un camino de santificación que a lo largo de nuestra vida se va restaurando, fortaleciendo y creciendo para ser como pedía el Señor: “luz del mundo” y “sal de la tierra” (cf. Mateo 5, 13s).   Ningún cristiano está plenamente acabado, nos vamos haciendo cristianos, manteniendo en nuestro corazón la alegría del Evangelio, la sal que le da sentido a todas nuestras acciones y proyectando entre nuestros hermanos la luz de Cristo a través de las buenas obras, de modo que los hombres al verlas, “ glorifiquen al Padre que está en el cielo”.

Con la celebración de la Cuaresma nos preparamos a hacer nuestra toda la gracia del Misterio Pascual de Jesús, su pasión, muerte y resurrección, conmemorada solemnemente en la Semana Santa: su celebración nos actualiza todas las gracias que necesitamos para vivir como nuevas creaturas en Cristo, sanadas, reconciliadas y proyectadas hacia la esperanza que nos da el Evangelio.

A través de estos cuarenta días, la Iglesia se prepara a purificarse y renovarse espiritualmente con la práctica más intensa de la oración, el ayuno y las obras de misericordia. La Palabra de Dios reflexionada en nuestro interior abrirá nuevos caminos de conversión. ¿En qué tendremos que cambiar para que nuestra vida diaria sea más agradable a Dios y más benéfica para nuestro prójimo?

Ante el ambiente de desintegración en muchas de nuestras familias, de violencia y atentados contra la salud, de incertidumbre por nuestra economía o por el destino de familiares que han migrado; en el ambiente de confusión y corrupción en la sociedad y la política: cada quien puede hacer mucho, si mantiene la pureza de su propia “sal”, su identidad y vocación cristiana. Viviendo en la coherencia con nuestra fe y estrechando los vínculos de la caridad, podremos transformar la sociedad en más humana, justa, veraz y pacífica, a través de nuestro testimonio diario y nuestras obras concretas.

La coherencia y autenticidad de cada cristiano, devuelve credibilidad y fuerza a nuestro testimonio. Y si cada persona es auténtica y sana, formará familias auténticas y sanas, lo que redundará en una sociedad auténtica y sana.   Por algo nuestro Señor Jesús, nos decía estas palabras: “Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros”. (Marcos 9, 50).  Si con nuestra sal evangélica, los cristianos saboreamos y preservamos la alegría de ser de Cristo, colaboraremos para que todas las familias redescubran la esperanza y apredan a vivir “en paz unos con otros”.

UN SIGNO COMUNITARIO DE AMOR A LOS NECESITADOS

Aunque cada persona y familia tendrá muchas oportunidades para la práctica de la caridad, cada año hacemos una colecta como Iglesia diocesana en el contexto del Miércoles de Ceniza (próximo 1º de marzo) a favor de los más pobres o necesitados. Lo recabado de este año se canalizará de la siguiente manera:

> Un 10% para Cáritas Nacional.

> Un 45% para Fondo de Emergencias por desastres naturales.

             (De la Colecta del año 2016, se envió a los hermanos damnificados de Haití: $80,000 pesos).

> Un 45% para causas atendidas por Cáritas de Córdoba a nivel diocesano o parroquial.

Invitamos a las parroquias a hacer llegar a la Economía del Obispado sus aportaciones.

Que el Dios Padre misericordioso les colme de toda gracia y bendición a lo largo de nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua del Señor 2017.

En la sede del Obispado de Córdoba, Domingo 26 de Febrero de 2017.

Prot. Nº 03/2017

+ Eduardo Porfirio Patiño Leal

Obispo de Córdoba

 

Pbro. Conrado Prado García

Secretario – Canciller