A LOS 100 AÑOS DE LAS APARICIONES DE LA VIRGEN MARÍA EN FÁTIMA

A LOS 100 AÑOS DE LAS APARICIONES DE LA VIRGEN MARÍA EN FÁTIMA

 

En el corazón de María, seamos forjadores de fraternidad y de paz.

 

A TODOS LOS HERMANOS SACERDOTES, DIÁCONOS, RELIGIOSOS Y FIELES DE NUESTA IGLESIA DE CÓRDOBA: PAZ Y BIEN.

 

La Virgen María, Madre de Jesucristo y Madre nuestra, prolonga su maternidad desde su asentimiento fiel en la Anunciación, mantenido sin vacilar al pie de la cruz, hasta la consumación perpetua de los elegidos. Como enseña el Concilio Vaticano II:

asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”.

(Lumen Gentium 62).

 

Los creyentes experimentamos con frecuencia de modo cotidiano y sencillo su presencia maternal, con la que nos acercarnos con mayor confianza y fe a su Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador y Mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, Dios ha regalado a los cristianos manifestaciones especiales, a través de algunas apariciones o mensajes que ha querido conceder a los creyentes, en momentos especiales de la historia y que han sido autenticadas por la Iglesia.

 

Para nosotros los mexicanos, las apariciones al humilde indígena San Juan Diego (1531) tienen una especial importancia, pues acompañaron el nacimiento de nuestra nación y facilitaron la comprensión y la adhesión en la fe, al hacerse portadora del mensaje de consuelo, ternura, amor y dignidad para todos los pobladores, presentándose como la Madre del “veradero Dios por quien se vive”.

 

Siglos después se manifestó en Lourdes en Francia (1800) y estamos por conmemorar los 100 años de sus apariciones en Fátima, Portugal (13 de mayo de 1917) a tres pequeños niños. La Señora de Fátima se apareció el 13 de mayo de 1917 por primera vez y volvió todos los 13 de los meses siguientes hasta octubre (6 veces), excepto en agosto cuando los niños estaban impedidos por la autoridad, y recibieron la visita de la Señora el 19 de agosto en lugar distinto.

 

Dios mediante, los dos niños que murieron pronto, Francisco y Jacinta, serán canonizados por el Papa Francisco como santos este próximo 13 de mayo. Por su parte, la otra niña, Lucía, siguió dando su testimonio perseverante de amor a Cristo y a María, consagrándose como religiosa y muriendo a los 97 años de edad en febrero de 2005.

 

En estas apariciones se coincide en la lógica del Evangelio, que escoge a los sencillos y pequeños para confundir a los sabios y poderosos, conforme a lo que María misma proclamó en su himno de alabanza: el Magnificat. Como Juan Diego en el Tepeyac, o Bernardette en la cueva de Lourdes, los niños de Fátima tuvieron una cercanía con el mundo de Dios a través del encuentro con María.

 

EL Papa Benedicto XVI apuntó a este “centenario de la primera visita de la Señora “venida del Cielo”, como Maestra que introduce a los pequeños videntes en el conocimiento íntimo del Amor trinitario y los conduce a saborear al mismo Dios como el hecho más hermoso de la existencia humana.”

 

Y explicaba: – “Una experiencia de gracia que los ha enamorado de Dios en Jesús, hasta el punto de que Jacinta exclamaba: “Me gusta mucho decirle a Jesús que lo amo. Cuando se lo digo muchas veces, parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema”. Y Francisco decía: “Lo que más me ha gustado de todo, fue ver a Nuestro Señor en aquella luz que Nuestra Madre puso en nuestro pecho. Quiero muchísimo a Dios”. (Memórias da Irmā Lúcia, I, 40 e 127). – (Papa Benedicto XVI, homilía del 13 de mayo de 2010, en la beatificación de Francisco y Jacinta, en Fátima).

 

Más allá de la experiencia extraordinaria que tuvieron personalmente estos pequeños niños, el MENSAJE de nuestra Madre María era y sigue siendo para todos: es una invitación a acoger el Evangelio en su plenitud redentora a través de la PENITENCIA que hace posible nuestra conversión permanente, asociándonos a la Pasión de Cristo en nuestra carne a favor de su Cuerpo que es la Iglesia (cf. Col. 1,24); y a través de la ORACIÓN que nos hace entrar en comunión con Dios y su planes de salvación en la propia historia, especialmente con la meditación y rezo del Santo Rosario.

 

Como entonces la Virgen María nos anima: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará” (13 julio 1917). Según el libro profético del Apocalipsis, la gran batalla entablada en la historia por María contra el dragón (Ap 12), señala la victoria final de la Mujer y de los discípulos de Cristo que tendrán que pasar por una larga persecución para participar de su victoria.

 

Como ha comentado un hermano obispo[1]: “Cuando en 1989 caía el muro de Berlín (construido en 1961), el telón de acero, el muro de la vergüenza, quedaban atrás miles de mártires, millones de perseguidos por causa de su fe, represión de los creyentes a todos los niveles. La Virgen de Fátima y san Juan Pablo II han tenido mucho que ver en esa victoria simbólica, la caída del muro, que ha sido precedida de mucho sufrimiento y acompañada por muchos rosarios.”

 

Hoy nos enfrentamos a nuevos muros materiales o ideológicos que buscan dividir a la familia humana: pensemos en los hermanos migrantes, o en tantos jóvenes separados de opciones de educación y de una esperanza viable. Pensemos en las familias que han sufrido el drama de la violencia o las desapariciones. Pensemos en las naciones que han estado padeciendo guerras y persecución religiosa, sufriendo luto, dolor y martirio.

 

Tenemos también otro muro invisible pero más efectivo, que lo sentimos y que nos daña: el miedo y el temor que nos paralizan y limitan la normal convivencia, el acceso a las calles y jardines, a los espacios y horarios que deberían ser para todos, ambiente de crecimiento ordinario para niños, jóvenes y ancianos.

 

QUE NUESTRAS PARROQUIAS Y NUESTRA IGLESIA DIOCESANA, ORE CON MARÍA

 

Invito a los hermanos sacerdotes a que en todas las comunidades y templos se motive a unirnos a través de la contemplación de Cristo Eucaristía, programando en las Horas Santas acostumbradas, la oración por la justicia, la seguridad el bienestar y la paz de Veracruz y de todo el mundo.

 

A nivel diocesano los invito a que se unan espiritualmente y de ser posible, participen en los eventos con los que nuestra diócesis conmemorará el Aniversario 100 de las Apariciones de nuestra Señora de Fátima.

 

  1. VIERNES 12 de mayo: Procesión de la LUZ, acompañada con el rezo del Santo Rosario, partiendo de la Parroquia de San José Obrero (7:00 pm.) para culminar con la Bendición con el Santísimo y la Eucaristía en la Catedral de la Inmaculada en Córdoba.
  2. SÁBADO 13 de mayo: Congreso y Eucaristía con los peregrinos y grupos marianos integrados en el apostolado diocesano, con sede en la Parroquia de Cristo Rey en Huatusco, Ver.
  3. DOMINGO 14 de mayo: Congreso de Laicos (Día del Católico) en el Estadio Beisborama, consagrado a la imitación del servicio de María a favor de la Redención.

 

HERMANOS: TENGAMOS LA CONFIANZA DE ACUDIR POR MARÍA A JESÚS:

 

Si nos sentimos impotentes o indiferentes y nos falta el vino de la fe en el Evangelio: como sucedió en las bodas de Caná, imploremos al Señor con María, que es la “causa de nuestra alegría.”

 

Si nos vemos apesadumbrados por la carga de nuestras traiciones y pecados: ella es Refugio de los pecadores, abogada e intercesora que nos impulsará a una verdadera penitencia y a un cambio de corazón.

 

Si nos vemos entristecidos y deprimidos ante las injusticias y la violencia: invoquemos a Aquella que que es Espejo de justicia, Consuelo de los afligidos, Madre del Salvador, Reina de la Paz.

 

Si padecemos escacez de vocaciones, acudamos a la Reina de los Apóstoles, los Profetas los Patriarcas y la vírgenes. Unidos al Corazón de María, que el Buen Pastor, nos conceda vocaciones, “según su corazón”.

 

Desde la sede del Obispado de Córdoba, 11 de abril de 2017, Martes Santo.

 

Su servidor y hermano en Cristo:

 

Prot.Nº 17/2017

  + Eduardo P. Patiño Leal

Primer Obispo de Córdoba

 

 

Pbro. Conrado Prado García

Canciller – Secretario

 

[1] Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, España.